
¿Ustedes son guatemaltecos? Preguntó un viejo guatemalteco creyendo que los viajeros eran gringos. El viejo era maya y usaba el calificativo de guatemalteco para todo aquello que en otros lugares de
Guatemala se denomina ladinos (blancos). Él era guatemalteco y no se había enterado. Se erguía al final de la loma junto a tres cruces engalanadas con restos de verduras de la huerta de al lado.
Abajo una tremenda cúpula multicolor como la carpa de un circo denota la existencia de un lugar de culto católico que ha perdido la batalla frente a las chabolas evangélicas. La influencia de los predicadores al estilo de la
Iglesia de Filadelfia de los gitanos, a la que Peret se retiró tras montar en el borriquito de la rumba muchos años, es mucha. Cualquier lugar es válido para predicar, no se espera, como los católicos, a la complicada construcción de un templo neocolonial, y desde allí se ensalza al individuo, a Dios y al Paraíso eterno. La
Teología de la Liberación se despeña, los indígenas prefieren la ruleta eterna a los años que le asigna la esperanza de vida de la estadística de la
FAO. Una carnicería cuelga las vísceras y la casquería. Las parroquianos compran su ración de proteína que el día de fiesta excepcionalmente acompañarán con el maíz hervido. Al lado se venden cintas piratas y aguardiente que los hombres consumen mientras esperan al autobús. Uno de ellos se levanta el poncho y mea en una tapia bajo la leyenda "Prohibido horinar en este citio".
Más arriba en el ancestral lavadero las mujeres restriegan la ropa con los niños colgados en la espalda, sus murmuraciones se confunden con el murmullo del chorro del agua en caída libre, cuesta abajo, por las estrechas callejuelas de
Huhuetenango, allá en la frontera guatemalteca con
México. La tarde gris oculta el revolver de un ranchero, ladino, que ha venido en un
landrover y que mira despectivamente a todo el que le rodea. En Guatemala según las estadísticas la primera causa de mortandad es por
PAF (Por Arma de Fuego), por tanto como diría
Pablo Milanés "la vida no vale nada". Sin embargo en el quicio de una puerta una niña en cuclillas sostiene una flor y lanza una de las miradas más dulces que he visto en mi vida.