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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2004.
05/05/2004
Santiago de Cuba es la ciudad de las lomas a orillas de la playa de Siboney donde el calor agosteño hace imprescindible el baño. Junto al Cuartel Moncada los descargadores de hielo hacen un descanso para contemplar a las mulatas que van a fabricar los puros de la Revolución. Bajo la sombra del árbol del amor "primero nace una flor y luego echa la vaina" una vieja se refresca tomando un batido de guayaba.
El verdor de sus árboles y jardines te recuerda que estás en pleno caribe tropical. En una de sus plazas, en la de Marte, se reúnen a diario los fanáticos del deporte como Heriberto que hoy, como ayer, ni anteayer, ni el anterior, iría a trabajar a la fábrica textil, la falta de materia prima era la causa de que la empresa estuviera con bastante menos rendimiento del habitual. Heriberto, una vez había visto boxear a Félix Savón en directo y pudo comprobar que su ídolo era un fuera de serie, destrozó en el cuadrilátero a su rival dominicano. Heriberto llevaba años siguiéndole por la prensa, radio y televisión y nunca le había defraudado. El resto de la Peña Marte era también fanático de Savón y de Mohamed Alí.
El Oriente de Cuba es famoso porque ahí se inició la Revolución. En la Sierra Maestra todavía hay muchos vestigios de cómo fue la lucha entre la guerrilla del Che y el ejercito de Baptista. El Saltón es un enclave con cataratas y quietud selvática que está en plena sierra. Allí se puede contemplar el café de altura, el cacao y multitud de frutas tropicales como el mango, la piña, la papaya, el guayabero, etc.
Por estos parajes te puedes encontrar a personajes como Leandro Silva, el único blanco de la Peña Marte, mira que es raro ver a blancos en una ciudad tan negra como Santiago, Silva toca el saxo en el “Septeto Guajiro” que solía actuar en la Casa de la Trova, su vida es el danzón, el son y la guaracha, su otra pasión es la pelota (beisbol). Al igual que el resto de sus amigos acude todos los partidos que en el estadio de béisbol disputa su equipo, sobre todo si tienen enfrente a Industriales de La Habana. Su ídolo era Antonio Pacheco, un negro de Palma Soriano varias veces campeón olímpico y del mundo que pegaba unos impresionantes batazos que mayormente acababa, según Leandro, en jonron. El día que le conocí había regresado de madrugada después de tocar en el Cabaret bajo las Estrellas del Cruce de los Baños en la Sierra Maestra. Los campesinos son muy agradecidos con los músicos de la capital, lo malo eran los amplificadores de la DDR que en vez de aumentar el sonido lo embotaba y el Me voy para Macaney de Campoy Segundo no se distinguía más allá de la tapia que rodea los recintos.
Leandro tenía un amigo que se llamaba Richard que tocaba las maracas en el Trío Las Palmas junto al Añejo (92 años), y Luisito, el Jimmy Hendrix del Cruce. Richard también se dedicaba al campo y tenía plantado algo de café de sombra, el maíz este año no se había dado, sin embargo las abejas se habían portado llenando los paneles. Tutú, el gallo de pelea, se encontraba en plena forma y pronto lo enfrentaría en los carnavales de San Luis donde esperaba ganar algunos pesos con él.
Santiago es el lugar de la frase "más se perdió en Cuba" cuando la flota norteamericana nos dio para el pelo en la bahía antillana, allá frente al fuerte del Morro. En fin, que Santiago es un buen principio para abordar el caiman verde, y recorrer la isla a ritmo de Los Van Van y del Médico de la salsa.
19/05/2004
La mayor paradoja de la capital cubana es que el lujoso hotel Habana Libre esté en el barrio del Vedado. Vamos a ver o está libre o está vedado. Esta antonimia puede resumir lo que es la ciudad de La Habana. En La Habana pueden convivir retazos restauradas de su casco histórico con cochambrosos desconchados unos metros más allá; los camiones balsa con los yates de lujo; la salsa oficial de Los Van Van con la de Miami de los Stefan; la botica más antigua de América con la investigación médica más puntera sobre la psoriasis, por ejemplo; los New York Yankees del pitcher duque Hernández con los Industriales de la Habana del bateador Doelsis Linares; la devoción por la Virgen de la Caridad del Cobre con el homenaje perpetuo al Ché; los cigarros puros Montecristos oficiales con los Don Julián del mercado negro; el ron añejo de los paladares con el daiquirí de la Bodeguita del Medio; el ex marido de Sara Montiel con Jorge Perugorría; la santería orisha con los raperos francocubanos Los Orishas; las espectaculares noches del Tropicana con la parsimonia diurna del pescador del Malecón; el Chevrolet del 59 con el Lada del 74; las jineteras con las misioneras del Pilar; el amor nocturno junto al batido de las olas atlánticas con el polvo récord del Capri; Bebo Valdés con Chucho Valdés; la fresa con el chocolate; el lujo que rememora la mafia Sinatra del hotel Nacional con la casa mancomunada de la Haban Vieja; la Escuela de Cinematografía con Oliver Stone; la desternillante película Guantanamera de Gutiérrez Alea con lel cine dogma en Suite Habana de Fernando Pérez; la prosa pre realismo mágico de Alejo Carpentier con la prosa commenwelth de Cabrera Infante; la lírica patria de José Martí con la lírica exiliada de Heberto Padilla; la épica libertadora de José Martí con la épica revolucionaria de Camilo Cienfuegos; la coqueta Plaza de Armas de la Habana Vieja con la desoladora explanada de la Plaza de la Revolución; la vieja trova con la nueva trova cubana; Silvio Rodriguez con el Guayabero; el Viejo y el Mar con el joven y el rap; el Castillo del Morro y su puntual cañonazo con la Calzada Ayestarán y los jonrones del Estadio de Bésibol; la sensualidad mulata con la sexualidad de uno de Monteagudo, por ejemplo; el eterno discurso de Fidel con el breve verso de Dulce María Loynaz; la impronta de la visita de Juan Pablo II con la movida de la calle Obispo, la del Floridita; la Casa de las Américas con los apartamentos soviéticos de la Habana Nueva; el Capitolio gubernamental con la tertulia de los fanáticos deportivos; el blanco que dirige el deporte desde la cúpula con el negro que gana las medallas olímpicas; el gramma.com con el el miamiherald.com; el cubalibre con el jugo de papaya; el demoledor bloqueo norteamericano con el maná de los dólares europeos; el racionamiento de las pastillas de jabón con las langostas del Meliá Cohiba; la chica que se casa para desarrollarse en occidente y el chicoviejo que se casa para adentrarse en la humedad del Oriente; los guardianes de la Revolución con la disidencia interna; la mata de coco con la vaina de la flamboyera; el puerco que engorda como puede con el quel que endulza la conversación en el patio familiar; el sutil timbre de una bici que soporta a cuatro viajeros entre la barra y la parrilla con el bocinazo de un camión que transporta a todo el que pilla haciendo la botella; la preciosa bahía oceánica con el pragmático Cerro Pelado; la visita del gran tenor Enrico Caruso con la asusencia de la soprano Barbara Hendricks; los niños que quieren saltar como Iván Pedroso con los viejos que se sientan a contar historias de cuando los chinos llegaron a la ciudad con sus lavanderías; el melancólico pianista Manuel Lecuona con el transgresor hip hop de Obsesión; el Yolanda de Pablo Milanés con el De buena fé de Manolín, el médico de la salsa; la generación perdida de Hemingway con la luminosidad de Lezama Lima; el vaporoso recuerdo de Marilyn Monroe con la veracidad de Mirtha Ibarra; la insustancialidad del hermano de Dinio con la palabra precisa de Nicolás Guillén; y a Castro, Fidel con Castro, Raúl.
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