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Dar es Salaam

Cancún

La península caribeña descubierta por el presidente Luis Echevarría en los sesenta es un centro hotelero mundial, parecido a Benidorm, Varadero, Riccione, Puerto Plata o las Maldivas. Echevarría era presidente de México cuando la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en el 68, vísperas de las Olimpiadas de Fousbury, Beamon y el Black Power. El ínclito presidente necesitaba un centro turístico en el Caribe y eligió en Quintana Roo este brazo en el mar de arenas finas y blancas, salpicado de ruinas mayas como Tulum. En seguida se llenó de buenos hoteles manejados por vascos, incluso llegó a funcionar un Jai Alai donde los pesos se esfumaban a ritmo de las carambolas de los puntistas del triángulo Markina-Gernika-Durango. En Cancún las cálidas y turquesas aguas de los folletos acunan los orondos cuerpos canadienses y norteamericanos (los USA tienen la exclusiva del gentilicio, cómo vamos a denominar norteamericano a uno de Chihuahua) en el invierno y se llena de españolitos en agosto quejosos del calor, de la comida y del ahorita mismo.

Una de las cosas buenas de Cancún es su relativa cercanía de otras joyas de la península de Yucatán. Las vertiginosas pirámides de Chichen Itza, menudo acojone que da bajar por esas escaleras milenarias que parecen que en cualquier momento te van a catapultar al vacío rodando por el lomo de la serpiente maya, y el campo del Juego de la Pelota son recuerdos de un pasado circular, de sacrificios humanos, de cálculos matemáticos de luz y voces que uno no debe perderse una vez que ha tomado una margarita en el cinco estrellas de Cancún.

Mérida, la capital del estado yucateco (por cierto aquí se transformo la savia de un árbol en chicle y en la otra goma, la neumática) remite un pasado colonial lleno de extremeños y baztandeses cogiendo un día tras otro el mal de Moztezuma. En la actualidad lo único que te puede caer en esta histórica ciudad son las bombas, una especie de copla corta sobre multitud de aspectos de la vida. Vamos una especie de trovas con sabor chafardero-pimentonero y bertsos con aroma a farias y a regoldos de bacalao al pil-pil.

La vida turística en Cancún está prevista para que se convierta en hotelera. Los animadores de los Solymar de turno tienen preparados una serie de actos para que toda la noche te la pases entre risas y tequilas haciendo el canelo con juegos pisaglobos, concursos de bailes, bufetes de ginebra Oso Negro y la grandiosa ranchera El coyote. Nosotros después de pintar la mona también nos fuimos para la Sierra, que era la habitación que se volteaba más que las antiguas campanas de Leiva el Día de Gracias. Por la mañana siguiente mi boca era como la lía de la soka-tira en busca de los morroskos de Nuarbe y los riojanillos del burgalés Cerezo de Rió Tirón. "Me se volvió de repente pero yo le hallé la frente". Y ahora una para los de Fresno…
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