Dar es Salaam



Viajes, lugares, literatura y demás en esta bitácora.

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05/11/2003

Prólogo (homenaje a Dar es Salaam)

Cuando la señorita Conchi preguntó por la capital de Tanzania me sobrevino una sonrisa de satisfacción. Sabía la respuesta, lo que pasa que no la tenía que dar yo. Le tocaba a Rafa, el número dos de la clase. Lo sabía fijo. Rafa titubeó y sus labios silbaron para pronunciar Dar es Salaam. Yo también lo sabía. Siempre me había gustado la palabra Tanganika, me recordaba a estar en canicas con las negras en el lago. Aquel en el que Stanley se empeñaba en encontrar a Livingstone por todo el África negra. I supose.

Zumba que zumbó polvo de cañón. Los esclavos de Zanzibar sirviendo al visir de turno también me ponían cachondo, sobre todo cuando leía las aventuras de Leila, la de
los pechos duritos que se clavaban en la túnica al salir de entre las olas índicas. Ahora bien, cuando me enamoré de verdad fue con La Estrella del Sur. Un tebeo que se desarrollaba junto a los diamantes de Kimberley, avestruces, haciendas con la quietud selvática al fondo y una rubia apamplada que me traía loco pensando que era mi mujer ideal. Años más tarde regresé de verdad a África del Sur para cubrir una visita real donde la reina se marcó unos pasos de baile, creo que por la triste Soweto. Mucho más marchosa era la de Johana Jimmy hop de Eddy Grant en plena transición de Botha, De Clerk y por fin Mandela.

Ahora bien, pensar en Antananarivo, capital de Madagascar, era otra cosa. Me la imaginaba musical y con una clase especial. Más mestiza. Es curioso como se imagina uno las regiones, las ciudades, los países del mundo con diez años de edad, y que reales y desilusionantes son cuando años después saltan al CNN Plus pegando tiros de Khalasnikov.

Yo de pequeño coleccionaba imágenes y palabras. Por diversas circunstancias me acompañaban no se sabe muy bien por qué. Una era Perleto, así se llamaba un escalador italiano del equipo (el Magniflex) de Marino Basso, sprinter. El nombre de Perleto me embaucaba, y hasta alguna vez creo que el mencionado ciclista ganó alguna etapa de montaña, por las Dolomitas no, por los Abruzzos.

Siempre me han gustado los nombres propios, representan lugares o personas concretas. La imagen le viene a uno con más personalidad, más nítida, más auténtica, que por ejemplo si pronunciamos mesa. Hay tantas mesas. Pero sólo un Giusseppe Perleto, y una Antananarivo, aunque la ciudad que tengas in mente no sea ni por asomo la real, la malgache.

Dar es Salaam es la representante de mis palabras favoritas. Fue de las primeras capitales de África que me aprendí, allá con ocho años. Por entonces situaba Tanzania perfectamente en el mapa político lleno de colorines, era marrón y Kenya entre rojo y rosáceo. Kenya como país no me llamaba la atención, la veía demasiado
comercial, demasiado fácil de caer bien.

Tanzania era más desconocida y su capital nunca salía ni en los documentales ni en las películas de John Ford y Ava Gardner. En cambio Nairobi, sus land rovers, el fiel criado bantú, si bwuana, los tambores masai y los mau mau salían mucho en las películas del sábado por la tarde, antes de merendar chocolate en onzas y dejar el suelo lleno de migas, los tambores resonaban en la sabana. Por eso Dar es Salaam era mi favorita.

Etiopía también estaba entre mis preferidas, era católica, y en mi pueblo había uno al que le llamaban el Negus, como a Haile Selasei. Además estaban sus fondistas por los que he sentido especial predilección. En mis tiempos de los mitos deportivos arrasaba Yifter, su negra y brillante calva era lo primero que veían los jueces de chaqueta granate que siempre estaban en las competiciones y ahora están en los meetings y juegos de oro. Sin embargo una vez en un documental de la Olimpiada de Roma vi como entre la noche de la ciudad abierta un menudo cartero del Negus cruzaba descalzo el Arco de Triunfo del Foro Itálico. Era Abebe Bikila. Lo adopté como mito mío, como lo era Fuente en el Stellvio o en el Paso di Gavia (años más tarde contemplé un domingo en casa de mi tía Nati como una tremenda y heladora nevada convirtió al Paso di Gavia también en un lugar favorito para mi, Johan Van der Velde –holandés, maillot ciciamino–, pasó primero por la cumbre, y abajo, en la meta perdió 45 minutos). Ese día los carruseles deportivos desgastaron el famoso calificativo de la Bajada a los Infiernos de Dante.
05/11/2003 12:05 Enlace permanente. Tema: Lugares No hay comentarios. Comentar.

Más sobre palabras mitícas

leones-marinos.jpgCon Florencia me pasó al revés. Era una palabra que no me llenaba, también comercial. Se usaba mucho: los Medici, Savonarola, Miguel Angel, Leonardo (comerciales) pero cuando descubrí, una vez que estuve allí que se escribía Firenze, en seguida me agarró, y cuando subí a Fiesole, a su origen etrusco (menos comercial que el Renacimiento) la adopté como favorita.

Allí L'Unita el periódico comunista celebraba una fiesta recordé Noveccentto cuando no conocía todavía a Robert de Niro. África de todos modos era el continente que más se me resistía con las capitales, sobre todo las del cuerno. Luego me cambiaron de nombre a algún país y Alto Volta pasó a ser Burkina Faso, por cierto el país con el que va a debutar la polémica selección de navarra de fútbol, y aunque es bonito ya no forma parte de mi niñez sino de mi juventud.

Es como cuando, para tu desgracia, te empiezas a fijar en como están hechas las películas, los travelling que tienen, lo bien que interpretan los actores y lo buen secundario
que es el mayordomo de Arthur el soltero de oro, abandonas definitivamente la edad de la inocencia del celuloide. Antes sólo participabas de la historia y te creías un capitán intrépido o un desgraciado Oliver Twist.

Sudamérica por el contrario me ha resultado más fácil de comprender. Y fascinarme, lo que se dice fascinarme, la Patagonia. Brasil estaba siempre en el candelabro: Pelé, la samba, Río de Janeiro, demasiado famosos. Las imágenes ya entraban nítidas y reales en mi mente. En cambio la Patagonia tenía, y tiene, el halo de lo desconocido, lo pionero, la eterna amplitud, las navajas gauchas, las tabernas de Un lugar en el mundo, los ajustes de cuentas, Borges, Chatwin… y la soledad. A los Andes los cogí manía con Viven y su tragedia. Ahora eso sí, el libro me dejó patidifuso. Todavía me acuerdo de la postura en que estaba mientras lo devoraba, sentado en el sofá de mi casa, después de comer, antes de ir a clase, cuando Nando Parrado se comió la flor, después haber estado no se cuantos días dando cuenta de sus compañeros despiezados.

Los paisajes fríos, helados, con nieve (a lo Jack London) también están en mi colección de palabras y de mitos. Por ejemplo otro de los personajes de esa colección es César Cascabel, un saltimbanqui francés creado por Julio Verne que ante la imposibilidad de regresar desde Sacramento (ahí me enteré que era la capital de Californía y no Los Angeles ni San Francisco) vuelve a Francia con su carreta y su familia por los estados de Oregón, Washington, Columbia Británica (ya en Canadá), Alaska (todavía en poder ruso, luego se la venderían a los norteamericanos), estrecho de Bering (esperaron a que se helase para cruzar saltando de Aleutiana en Aleutiana), Siberia, y así hasta llegar a París.

Con Alaska me pasa lo de la Patagonia y el efecto Jack London: aventuras, perros fieles, colmillos blancos, oro, camaradería, hambre... Ese era mi paisaje exótico y no el del Pacífico Sur (también muy londoniano) con el hula hula, los collares, las nativas y los huracanes. Sin embargo sí me quedo en la Taberna del Irlandés y el puro de Lee Marvin. Pero sigo con Alaska, con su terrible río Yukón, las pepitas, Anchorage, y por qué no, con Gregory Peck cazando focas en el Dueño del Mundo y un gordo
esquimal lanzando todo el día onomatopeyas para darle gracia a la película. También entonces Alaska era rusa. Luego a los yuppis nos llegaría Doctor en Alaska con su sensual aviadora y contestaríamos en las encuestas que junto con los documentales de la 2 era el único programa de televisión que veíamos.
05/11/2003 17:09 Enlace permanente. Tema: Lugares No hay comentarios. Comentar.

Los Alpes del Izoard

Mont-dOr.jpgLos mapas físicos no me gustaban, no había lugares, solo accidentes geográficos: ríos, montes, cordilleras, lagos, etc. No me los imaginaba con gente. Yo de mayor quería ser cartógrafo pero sólo para dibujar mapas políticos, de países, estados, regiones y sus capitales. Con sus carreteras y sus ferrocarriles para saber cual era la ruta más rápida, o por los lugares que se pasaban para llegar por ejemplo a Vaduz (capital de Linchestein). En los exámenes preguntaban mucho por esa capital. Luego en toda tu vida oyes ese pequeño país alpino unas pocas veces: sellos, alguna ex novia del principito y el esquiador de turno en las olimpiadas blancas.

Yo me imaginaba por entonces que cruzaba Francia, y era una Francia de aldeas rurales como las de Asterix, con sus posadas, sus jabalíes y su vino. Ya llegando a la Provenza eran olores de lavanda los que se acercaban a mí y que en algún bote por casa había leído de su existencia.

En los Alpes el túnel de San Bernardo me impresionó tras leer en la enciclopedia que era el más grande del mundo, y una vez en Suiza era el paisaje heidiano el que me extasiaba. Heidi no era mi favorita, lo era su paisaje y la vida en la aldea. La tranquilidad, las cabras y el órgano del abuelo, el de la iglesia.

Los Alpes también están dentro de mi colección. Años más tarde los conocí con Marino Lejarreta y Perico Delgado, bueno ellos los soportaron y yo los contemplé desde la cuneta. Después de años de ir a Ondárroa (un pueblo vizcaino costero) para ver el Tour por la televisión francesa pude contemplar en directo lo jodido de subir esos puertos en pleno mes de julio. El Alpe d'Huez es comercial, no es mi favorito. Me quedo con el Izoard. A falta de unos ocho kilómetros para la cumbre no hay ya árboles, sólo roca y un paisaje pedrizo que se torna desolador. La Curva del Oso marca el calvario, un poco más adelante el puesto de la Cruz Roja está para darte una pomada porque el sol te ha abrasado los labios. Desde allí se desciende vertiginosamente hasta Briançon. La serpiente multicolor se convierte en una procesionaria roja y desorientada.
05/11/2003 17:04 Enlace permanente. Tema: Lugares Hay 1 comentario.

San Cristóbal de las Casas

catedral-de-San-Cristobal.jpgHasta el uno de enero de 1994 San Cristóbal de las Casas era una perfecta desconocida ciudad colonial de un desconocido estado de Chiapas de un conocido, aunque sea por Cantinflas y Negrete, México. Ese día el subcomanante Marcos comenzó su revuelta cibernética y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional tomó varios pueblos de las cañadas, proclamó por Internet su ¡Basta Ya! y se retiró al poblado de La Realidad en plena selva Lacandona.

El México insurgente regresaba, al igual de cómo lo hiciera con Zapata, Emiliano y no Marlon Brando, y mi paisano el durangués mexicano Pancho Villa con su División del Norte, los Dorados, carabinas 30 30, caballos prietos azabaches y toda la letanía que se canta en los corridos.

En San Cristóbal no hace calor, está muy alto, aunque más lo están los Altos de Chiapas, allá por San Juan de Chamulas, San Andrés de Larrainzar y Zinatecas. Uno puede dormir hasta con la colcha y no te digo nada si antes te has bebido hasta el gusano del mezcal. Las calles en San Cristóbal son como las rejas de sus ventanas, perfectas, bien trazadas e iguales. Resulta problemático la vuelta nocturna a casa por calles todas iguales con ventanas bajas, patios y suelo empedrado y con nombres de fechas, generales, revolucionarios e insurgentes, y más si antes has subido al estrado aupado por el añejo y te has arrancado con unas rancheras rasgadas a lo Chavela Vargas.

El aire en San Cristóbal es limpio y deja ver el azul de una mañana fresca y soleada. Los indiecitos ya se han anclado en los puestos del mercado tradicional y han colocado en vanguardia los polichinelas de Marcos y de su compañera Ramona.

Sus multicolores ropajes son un lujo para una mañana resacosa. El mercado de frutas y verduras está de bote en bote, las cintas piratas y regrabadas atronan con Garibaldi, Maná y Luis Miguel. Una extranjera que lleva muchos años conviviendo con los tzotziles compra unas libras de frijoles y algo de fruta. Parece Vanessa Redgrave haciendo un documental para el ala roja de la BBC.

Vuelvo al mercado de artesanía y una india me teje una pulsera en la muñeca, le doy unos pesos y me insiste con un pasamontañas del EZLN, demasiado pequeño para mi cabeza, le digo. Se ríe y se marcha.

De San Cristóbal destaca su amarillenta y viva catedral en pleno Zócalo o Plaza de Armas, en ella el obispo español Samuel Ruiz, para algunos, injustamente, un simple vocero zapatista, clama por la justicia y la libertad de los indígenas, que si alguien no lo remedia se pasaran otros quinientos años chupando mazorcas de maíz mientras Molotov se hace famoso con su ¡Viva México Cabrones!
05/11/2003 16:08 Enlace permanente. Tema: Lugares No hay comentarios. Comentar.

07/11/2003

Altos de Chiapas

ninos-con-maracas.jpgSon los altos de la tragedia, del color, del sincretismo religioso, del olor al pinabeto y a la cera de miles de velas encendidas en las iglesias, que hacen de altar hechicero para todos los indios que se acercan hasta allí. San Juan de Chamula es el paradigma, que diría mi profesor Mingolarra, de lo que es Chiapas.

La aldea esta llena de indios de todos los pueblos de alrededor que vienen a celebrar el bautizo de sus inconscientes vástagos. El templo está repleto de santos, velas, huevos, cocacolas, chamanes, brujos, hechiceros, monaguillos y un cura. El Padre reparte certificados de cristiandad en la pila bautismal cada dos minutos, mientras el resto de la gente que ha colmado el templo implora a sus dioses. Los brujos sanan a los enfermos del cuerpo y de la mente con cocacolas y huevos. Los huevos recogen el mal que anida en el cuerpo y la cocacola provoca el eructo por donde escapa despavorido el mal espíritu. Todo bajo la atenta mirada de San Antonio, colocado en el lugar preferente en el retablo junto al Sagrario. A Jesús le destinan un lateral, es menos milagrero que el de Padua.

Los rezos se entremezclan con el humo y las finas hojas esparcidas de los pinos perennes, el monaguillo grita ¡el siguiente! Fuera el multiculor atuendo del Consejo de Ancianos requiere la atención de los turistas, que previamente han tenido que guardar sus cámaras en el autobús, se ha llegado el caso de matar a palos a un alemán por retratar estas almas del maíz. Sin embargo, paradojas de la vida, el momento más culminante del bautizo se sucede fuera de la iglesia. Allí el fotógrafo oficial, autóctono, congela la sonrisa sin futuro de los padres y el llanto despreocupado del hijo que intenta aferrar el endurecido pezón de su madre. El padrino apaga las velas y sirve el tequila que más tarde desgarrará las voces y el hígado de los pobres de espíritu y de plata a los que en DF al tapado de turno le importa un carajo.

Los ancianos del consejo escuchan las murmuraciones de los afectados por algún asunto ejidal, cómo si ellos pudieran repartir el veredicto con justeza sin contar con las autoridades económicas que desde hace 500 años defienden sus latifundios vacunos. "Quiero Tierra y Libertad" grita Emiliano Zapata en un popular corrido que luego el cansalmas de Ismael Serrano nos recordará en una ranchera de autor, suspirando por un mayo del 68 que para su desgracia no conoció y se tiene que conformar con festivales benéficos en favor de Ayuda en Acción.

Unas canastas de baloncesto rematan el paisaje de los Altos, otra paradoja, un deporte para altos en los Altos, jugado por bajos bajo un sarape que sustituye la camiseta Adidas, y una negra planta del pie en lugar de unas Nike. Just I do.
07/11/2003 15:12 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

10/11/2003

Instantáneas de los sitios

1
El tiempo detuvo la hoja
del hayedo otoñal,
el impulso cotidiano
la liberó del instante,
donde suspendida, crujió.

2
Sintió el agua resbalar por el canto,
vio el verdín brillar desde el lecho
cuando el sol oblicuo lo atravesó,
Sidharta se equivocó.

3
El polvo del camino la sinrazón guía,
presto cual kosovar herido.
¡Trapero, tópate con el tinanco
finito de tu sangre hervida!

4
La botella de ron,
son, mi guaracha,
el pirata tabacalero
que humedeció su austero
smoke del Maynflower.
10/11/2003 12:00 Enlace permanente. Tema: Ficción No hay comentarios. Comentar.

11/11/2003

Cancún

La península caribeña descubierta por el presidente Luis Echevarría en los sesenta es un centro hotelero mundial, parecido a Benidorm, Varadero, Riccione, Puerto Plata o las Maldivas. Echevarría era presidente de México cuando la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en el 68, vísperas de las Olimpiadas de Fousbury, Beamon y el Black Power. El ínclito presidente necesitaba un centro turístico en el Caribe y eligió en Quintana Roo este brazo en el mar de arenas finas y blancas, salpicado de ruinas mayas como Tulum. En seguida se llenó de buenos hoteles manejados por vascos, incluso llegó a funcionar un Jai Alai donde los pesos se esfumaban a ritmo de las carambolas de los puntistas del triángulo Markina-Gernika-Durango. En Cancún las cálidas y turquesas aguas de los folletos acunan los orondos cuerpos canadienses y norteamericanos (los USA tienen la exclusiva del gentilicio, cómo vamos a denominar norteamericano a uno de Chihuahua) en el invierno y se llena de españolitos en agosto quejosos del calor, de la comida y del ahorita mismo.

Una de las cosas buenas de Cancún es su relativa cercanía de otras joyas de la península de Yucatán. Las vertiginosas pirámides de Chichen Itza, menudo acojone que da bajar por esas escaleras milenarias que parecen que en cualquier momento te van a catapultar al vacío rodando por el lomo de la serpiente maya, y el campo del Juego de la Pelota son recuerdos de un pasado circular, de sacrificios humanos, de cálculos matemáticos de luz y voces que uno no debe perderse una vez que ha tomado una margarita en el cinco estrellas de Cancún.

Mérida, la capital del estado yucateco (por cierto aquí se transformo la savia de un árbol en chicle y en la otra goma, la neumática) remite un pasado colonial lleno de extremeños y baztandeses cogiendo un día tras otro el mal de Moztezuma. En la actualidad lo único que te puede caer en esta histórica ciudad son las bombas, una especie de copla corta sobre multitud de aspectos de la vida. Vamos una especie de trovas con sabor chafardero-pimentonero y bertsos con aroma a farias y a regoldos de bacalao al pil-pil.

La vida turística en Cancún está prevista para que se convierta en hotelera. Los animadores de los Solymar de turno tienen preparados una serie de actos para que toda la noche te la pases entre risas y tequilas haciendo el canelo con juegos pisaglobos, concursos de bailes, bufetes de ginebra Oso Negro y la grandiosa ranchera El coyote. Nosotros después de pintar la mona también nos fuimos para la Sierra, que era la habitación que se volteaba más que las antiguas campanas de Leiva el Día de Gracias. Por la mañana siguiente mi boca era como la lía de la soka-tira en busca de los morroskos de Nuarbe y los riojanillos del burgalés Cerezo de Rió Tirón. "Me se volvió de repente pero yo le hallé la frente". Y ahora una para los de Fresno…
11/11/2003 14:35 Enlace permanente. Tema: Lugares No hay comentarios. Comentar.

12/11/2003

Instantáneas de los sitios

5
Gitanilla, toma un moreno
de la mano canastera
y empújale hasta la caseta
del palillo More partido.

6
Violín de hielo nórdico
que surca un fiordo
donde se pierde la sal
y se halla la almendra,
amarga.

7
Llama la niebla azul,
e irrumpe una tersa meseta
de retama, que barre
el regocijo de una mañana
llena de vicuñas luminosas.

8
El agua de la vida turba
la isla cereal en un bajel
que se disipó alegre,
por la rúa de La Valetta.
12/11/2003 16:35 Enlace permanente. Tema: Ficción No hay comentarios. Comentar.

19/11/2003

Benarés

Bano-en-el-ganges.jpgLa Varanasi hindú acoge cada día un delta de peregrinos (normalmente con túnicas naranjas) que llega en masa a su mar que es el Ganges . El olor de la ciudad es una mezcla de humedad del monzón, especias, flores en cremación, zotal, excrementos y menstruación de las vacas sagradas, fritangas callejeras, sudor de la península índica, carburante de baja calidad mal quemado.
El color se convierte en multicolor tamizado por el barro tropical diario: son los naranjas de los santones, el metal de las escudillas en el que se piden unas rupias y se lleva el agua para limpiarse posteriormente el culo tras la defecación, el rojo de una especie de chicle que se masca y que sale despedido a escupitajos llenando de escrúpulos el ya maltrecho suelo, las telas y sedas de las innumerables tiendas callejeras, los bellos y chillones saris de las esbeltas mujeres que pusieron de moda el piercing en Europa , Los Ángeles y Nueva York .
El sabor remite a un espléndido arroz y a un espeluznante picante que deja huérfanas a las alegrías riojanas; mi estómago occidental sólo pudo ingerir hidratos de carbono.
El tacto es aquel recuerdo del muñón de un leproso con una cara deforme y viscosa que me rodeó para pedirme algún dólar.
El calor en esa época es tropical, por tanto agobiante, sobre todo para los sobrados de kilos, los macroventiladores ayudan a que el viajero recupere un poco el resuello.
Sin embargo la verdadera sensación de Benarés llega cuando uno se embarca en las barcazas remadas por un par de chiquillos fibrosos que darían guerra en las regatas de La Concha , estos pobres chavales bogaban peligrosamente contra corriente, sin avanzar, chocando y sacando chispas de las farolas encendidas e inundadas. De repente te encuentras con una muchedumbre sumergida en el lodazal del Ganges purificando su alma y rompiendo una mala rueda de la reencarnación, alguno hasta se limpia los dientes con un palo mientras da gracias a una de las miles divinidades que pululan por la India . Río arriba en los ghats (escaleras que van a dar al agua) las cremaciones inundan el horizonte de humo y de un olor como cuando pasas por la fábrica de pollos de Berantevilla (Álava).
Los intocables manipulan los cadáveres, los colocan en la pira y les dan un golpe en la cabeza para que ésta no estalle cuando se queme y no esparza los sesos por los alrededores. Río abajo flotan extremidades de alguien que no tenía dinero para conformar una pira en condiciones y con suficiente leña para que la cremación sea completa.
Digerir todo esto cuesta toda una vida, pero eso es la India (entre otras cosas). Tampoco se puede olvidar a esos niños repeinados con aceite y apretujados en el isocarro camino de la escuela que muestran dulzura y curiosidad. En el otro lado de Benarés, en su extensa Universidad tiene lugar una boda llena de pétalos, cánticos, velas y familiares; bueno de esas que se describen en el espléndido Un Buen partido de Vikram Seth .
19/11/2003 15:35 Enlace permanente. Tema: Lugares No hay comentarios. Comentar.

28/11/2003

El Taj Mahal

Taj-Mahal.jpgUna vez en Feas, un pueblo bearnés en el sur de Francia, jugábamos a una especie de concurso televisivo. Se trataba de ir dando pistas, al principio vagas y después más concretas hasta averiguar lo que venía escrito en una carta. Por ejemplo, había que acertar Agatha Cristie y te decían:
1- Es una persona (te arriesgabas y decías un nombre), 2- es una mujer; 3- vivió en Inglaterra; y así hasta que un concursante acertaba el personaje. Pues bien me tocaba participar y me lanzaron la primera pregunta: "Es una cosa". Y yo dije "el Taj Mahal". Era el Taj Mahal. Hubo tal sorpresa y sobresalto que suspendimos el juego y decidimos echar un julepe donde existen menos casualidades.
Desde ese día tengo una relación especial con el Taj Mahal. Así que cuando años más tarde lo contemplé por primera vez no me defraudó. Una inmensa mole de mármol blanco se yergue de espaldas al río Yamena y recibe al incrédulo visitante mientras éste, al atardecer, atraviesa el jardín y se descalza para sentir en sus plantas el calor de unas losas que le transporta al origen de la historia.
El Taj Mahal es un monumento construido entero de un mármol blanco que cambia de color según le pegue los rayos de sol. Su simetría representa la perfección y la hondura de lo que pasó en él.
Reinaban hace muchos años los mogoles en esta parte de la India y Agra era su capital. Había un rey que quería tanto a su esposa, que cuando ésta murió mandó construir este mausoleo. El monumento tenía que quedar para la posteridad y debía expresar lo mucho que una persona puede querer a otra. Vaya si lo consiguió. El rey rechazó en un principio muchos proyectos y al final se decantó por un artista que era a su vez arquitecto, y que para hacerle sentir lo que él sufría mandó matar a su mujer (de esa manera se inspiraría mejor).
Así a orillas de otro río sagrado, el Yamuna, emergió el increíble Taj Mahal. Recorres en silencio y descalzo por el mármol todo el mausoleo, y te embarga una mezcla sentimental de melancolía y añoranza mientras contemplas con la mirada perdida la lenta corriente del río.
Quedé en silencio hasta que el pitido de los guardias, mandándonos salir de allí, me hizo volver a la realidad. Me fui, pero antes contemplé por última vez lo que era ya una silueta en la noche de la India, un niño me agarró de la mano con insistencia y me ofreció una cajita de mármol con piedras semipreciosas incrustadas. Me dijo que era mármol de Ajmer, en el Rajhastan, el mejor del mundo. ¿Para qué quería yo esa caja? La compré y la guardé con cariño en mi macuto.
28/11/2003 12:45 Enlace permanente. Hay 1 comentario.


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